jueves, 16 de noviembre de 2017

Día 4. Castillos

Nos levantamos pronto la mañana siguiente y nos fuimos al aeropuerto para coger el coche. Da bastante ilusión eso de tener un coche nuevo y gracias a google no tuvimos ningún problema para ponernos en marcha hacia los castillos más famosos de alemania. Era domingo, y comprobamos que había mucha gente que había decidido salir a la carretera para pasar el día por lo que el viaje que en un principio iba a durar dos horas y media se convirtió en una hora más. Los aparcamientos de esta gran atracción turística estaban llenos y nos costó encontrar un sitio, pero a esto era ya la hora de comer así que nos sentamos en una mesa que miraba a un precioso lago y comimos una vez más carne, en este caso ciervo y solomillo de cerdo. Parece mentira pero en plenos Alpes y a 15 de octubre pasamos un terrible calor mientras comíamos “al solecito”. Después de comer, llegó el momento de subir la cuesta para llegar al castillo. es una media hora de subida que conduce a la explanada del castillo. Nosotros decidimos no verlo por dentro por lo que nos dedicamos a ver el paisaje precioso que desde allí se podía disfrutar, con dos lagos en un inmenso campo verde y montañas al fondo. Lo más bonito estaba al otro lado, en el camino que lleva a un puente colgante de madera desde el que se hacen todas las fotos y que tenía una cola bastante grande para poder acceder. de todas formas es una magnífica vista. Decidimos entonces que lo mejor era ir a ver la vecina ciudad de Fussen antes de llegar al hotel cerca del lago constanza. Pero descubrimos lo terribles que son los atascos en esta parte de alemania y tardamos 1 h en recorrer 3 km al tiempo que descubría el significado del color negro en el trazado de carreteras de google maps. Ya lo único que podíamos hacer era llegar a nuestro hotel en oberreute lo antes posible. La carretera era bastante buena pero nos temíamos una sorpresa final pues quedaban apenas 30 km y nos señalaba una hora de camino. y efectivamente comprobamos lo pintorescas que son las carreteras de montaña alemanas de noche. Cuando finalmente llegamos al pueblo nos dimos cuenta que era más bien un diseminado y mucho más cuando google dijo que habíamos llegado a nuestro destino en lo que en plena noche parecía una casa de campo aislada. La desesperación empezó a cundir y armándose de valor llamé al hotel para indicarle nuestra posición. Afortunadamente el dueño había trabajado en España un tiempo y chapurreaba el español mucho mejor que yo el inglés y pudimos llegar al hotel que estaba en la casa de enfrente. La habitación era un palacio comparado con la de Munich y mucho más rústica y tranquila. No habíamos cenado aún por no perder tiempo y era el momento de comprobar si en este publito había algún restaurante abierto a una hora tan intespestiva como las 20 h. El dueño del hotel nos idicó que a unos 10 minutos andando había un restaurante, así que dejamos el coche y nos dimnos un paseo casi a oscuras por una carretera por la que no transitaba nadie. Finalmente llegamos al restaurante que afortunadamente estaba abierto con lo que pudimos disfrutar de un plato de ciervo una crema de calabaza que estaba muy buena junto con un strudel de postre y las lógicas y consabidas cervezas. No había mucho más que hacer por lo que nos fuimos al hotel. Ya dejaríamos para mañana el descubrir el pueblo. Al día siguiente nos esperaba el lago Constanza.

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