jueves, 16 de noviembre de 2017

Día 2. Munich

El segundo día fue el que utilizamos para conocer Munich. Después de desayunar en nuestra habitación con el café de nuestra cafetera y con los brezzel y demás bollería que estaban a nuestra disposición en la segunda planta, salimos a ver la ciudad de día. La verdad es que el hotel estaba en un sitio perfecto a escasa distancia del casco histórico …. y eso fue lo que hicimos, meternos de cabeza en una visita guiada fundamentalmente histórica con un tour en el que tú ponías el precio al final del recorrido. Lo primero que pudimos comprobar es que la ciudad estaba plagada de españoles que habían salido con el puente. La visita comienza con el carrillón del ayuntamiento que tiene unas figuritas animadas que representan la escena de la boda del rey de baviera y la princesa de con un torneo de justas y el posterior baile de los toneleros creado para reactivar la alegría y las ganas de gastar y de beber cerveza después de los estragos del cólera. Después estuvimos viendo el patio del ayuntamiento nuevo de estilo neogótico y que se conservó en gran parte, junto con las torres de la catedral porque eran los elementos de referencia que utilizaban los bombarderos aliados para localizar objetivos. vimos a continuación la fachada del antiguo ayuntamiento, reconstruido en su totalidad porque tuvo la desgracia de no ser tan alto y no tener valor de gps. En la actualidad es un museo de juguetes y en su fachada está la figura en bronce de Julieta, la de Verona, que comparte con su original el brillo de su pecho izquierdo y que era el lugar al que iban los mozos para pedir a los hados que encontraran una buena esposa. Fué aquí donde se originó el terrible episodio de la noche de los cristales rotos que supuso el hacinamiento y exterminio de los judíos alemanes. Las mujeres por el contrario tenían que ir a la vecina iglesia a rezarle a los restos cadavéricos de una santa que murió de esperar a su amor como la Penélope de Serrat. Junto al ayuntamiento viejo se encuentra el mercado turístico con una gran animación. De allí fuimos a la zona de historia nazi, a la Odeon Platz estructura copiada de Florencia y donde se inició un intento de golpe de estado de Hitler Después del recorrido y como ya había hambre, nos metimos en una cervecería donde solo tenían cerveza de trigo aunque de 7 variedades diferentes. Apostamos por las que nos había recomendado el guía, la 5 y la 7 y de la carta elegimos ( porque estaba en español ) un plato de cerdo asado y otro de ternera en salsa. Los platos estaban muy buenos a excepción de algo que llaman albóndiga de pan y que era una masa insabora e insufrible, pero lo que realmente estaba bueno era la cerveza que yo repetí ( esta vez una 6) a modo de postre, y es que allí trae más a cuenta pedir una cerveza que un café. Cris probó el famoso applestrudell Con la alegría del postre subimos a la Torre de una iglesia cercana para ver las vistas de la ciudad. Se trataba de un suplicio de escalones incómodos por su pequeño tamaño y excesivo número y agobiantes por lo estrecha que era la escalera y la mucha gente que pretendía usarla en los dos sentidos. Por fín llegamos al mirador al que dábamos una vuelta inmersos en una masa que determinaba el sentido y la velocidad, aunque hay que decir que las vistas estaban muy bien, en especial el ayuntamiento. Desde aquí se veía también que la ciudad es esencialmente llana excepto un pequeño montículo artificial que se corresponde con el lugar al que llevaron las mujeres el escombro de la guerra y que se encuentra cerca de la zona olímpica. Este fue el momento que aprovechamos para retirarnos al hotel y descansar un poco antes de enfrentarnos a la tarde que comenzamos por la zona del barrio de los museos que se corresponden con edificios en el mejor de los casos inspirados en grecia y roma pero que lógicamente carecen de la personalidad que le dan los años a la piedra. El paseo se prolongó hasta el río y vimos así las tres puertas que se conservan de la ciudad antigua y que están pintadas lo que significa que se destruyeron en la guerra y se reconstruyeron y pintaron para señalar este hecho. Para cenar elegimos otro de las cervecerías que nos recomendaron en la calle tal, esta vez la de Paulaner. Pude comprobar que la cerveza y la comida era menos interesante. Yo repetí ternera en salsa y Cris se decantó por la variedad de salchichas. Tras la cena fue el momento de regresar al hotel reponer fuerzas para el siguiente día que íbamos a dedicar a la ciudad que tenía el monopolio del comercio de la sal que tenía que pasar por el puente construido en “donde los monjes” para pasar el río y cuyo peaje hizo prosperar la naciente ciudad.

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