jueves, 16 de noviembre de 2017
Día 3. Saltzburgo
Nos levantamos pronto en este tercer día y r´çapidamente nos fuimos a la estación de tren. Sacamos el famoso bayerticket y nos fuimos al andén en el que debería estar nuestro tren que partiría en unos 15 minutos.
La sorpresa es que el tren no estaba en donde debía, era casi la hora y no había tren. la razón es que habíamos mirado el horario de llegadas y no el de salidas. Finalmente llegó el tren que paraba una hora, por lo que nos quedaba un rato.
Nos dimos cuenta en este entreacto que no todos los trenes servían para el famoso billete, sino solo aquellos de la compañía DB que tenían de punto final la ciudad de Saltzburgo que por cierto está solo a unos kilómetros de la frontera.
El tren en alemania no tiene reserva de plazas y el nuestro en concreto se llenó rápidamente llegando incluso a partir con viajeros de pie.
El día era perfecto y las vistas nos anticiparon lo que en días sucesivos veríamos con el coche, campos verdes salpicados de lagos.
Ya en Saltzburgo preguntamos por los horarios de los trenes disponibles para nuestro ticket y salimos a ver la ciudad.
Google nos hizo de cicerone en el recorrido y nos llevó primero a unos bonitos jardines en los que se rodaron escenas de “ Sonrisas y lágrimas” y más tarde y después de cruzar el río a la ciudad antigua.
La impresión que nos dió es la de una ciudad demasiado turística, una especie de Frigiliana, salvando las distancias.
Recorrimos el casco histórico y llegamos a la zona en la que se asentaba un mercado. Aquí comimos una especie de rollo de carne y de verduras en una masa similar a la de los crêpes.
Disfrutamos también de actuaciones musicales en la calle antes de ver la catedral y un coqueto cementerio que se encontraba al lado.
Pero ya era hora de tomar una cerveza, así que buscamos en google alguna cervecería y nos llevó a la más antigua de la ciudad y bastante alejada de la zona turística. se trataba de un lugar frecuentado por gente del lugar y ubicado en un antiguo monasterio que eran los lugares en los que se hacía la cerveza. Tenían sólo un tipo de cerveza y muchos puestos de diferentes tipos de comida. Cayeron aquí un litro por cabeza y yo disfruté de una panceta asada.
Era ya media tarde y pensamos que lo mejor era tratar de volver al centro por un paseo elevado y ver así la ciudad desde lo alto y luego ir hacia el tren.
El paseo resultó ser largo y algo complejo pues la ciudad estaba muy baja y nosotros muy arriba pero finalmente pudimos completarlo después de haber disfrutado de unas bonitas vistas. Llegamos por los pelos al tren y descansamos en el camino de regreso a Munich con el ligero sentimiento de esperar más de la ciudad que habíamos visitado.
Ya en Munich aprovechamos para dar una vuelta y disfrutar de la famosa cervecería de HB pero fue imposible por la cantidad de gente que esperaba en la puerta para poder entrar, y finalmente acabamos comiendo una pizza en la habitación del hotel. A fin de cuentas el día siguiente debíamos dejar Munich y coger el coche para hacer nuestro recorrido.
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